gobernadoresdemimemoriafinal2014 - page 170

Juan Carlos Bataller
Aquella charla de 1.986 con Wbaldino fue bastante reveladora de sus
intenciones.
Pretendía ser el próximo gobernador electo.
Y desde el ministerio hizo todo lo posible para instalarse.
Leopoldo Bravo seguía siendo el jefe indiscutido del bloquismo y el par-
tido mostraba signos de desgaste.
La escandalosa licitación del dique Cuesta del Viento –se adjudicó la
obra a la tercera propuesta, beneficiando a un contratista (Paolini) muy
ligado a Bravo— más algunos juicios de expropiación promovidos por
dirigentes del partido y jubilaciones de privilegio que beneficiaban a di-
putados, comenzaban a disociar al bloquismo de amplios sectores de la
sociedad.
No olvidemos que el partido llevaba siete años en el poder
sumando la etapa del proceso militar.
Bravo no tenía confianza en un próximo triunfo electoral. Y buscó un
acercamiento con los radicales. Estaba dispuesto a ceder la candidatura
a gobernador si el candidato era Héctor Miguel Seguí y reservarse la vi-
cegobernación para un hombre del partido.
Ese hombre sería Wbaldino
Acosta
.
Pero los radicales no querían saber nada con el bloquismo.
Independientemente del espíritu dialoguista de hombres como Seguí
las bases sostenían que
el bloquismo era un partido del proceso, con-
ducido por un Bravo cada día más alejado del ideario cantonista y con
el que desde sus orígenes habían estado enfrentados.
No olvidemos
que el cantonismo nace como una escisión de la Unión Cívica Radical
tras el asesinato por hombres ligados al bloquismo, del único goberna-
dor radical que tuvo San Juan,
Amable Jones
, en 1.921.
Para que no quedaran dudas, los radicales lanzaron la fórmula
Seguí –
Moragues.
El partido de la estrella no tuvo otra alternativa que presentar su propia
fórmula y lanza la
Alianza Bloquista.
Bravo entendía que ni él ni ningún hombre que fuera muy cercano podía
ser el candidato a gobernador.
La solución la tenía al alcance de la mano:
Carlos Enrique Gómez Cen-
turión
, en ese momento senador nacional.
Se lanza la fórmula
Gómez Centurión—Acosta
.
Bravo se atrinchera en la senaduría y el partido. Algo tenía en claro;
el
“Bebe” sería mucho más difícil de influir que Ruiz Aguilar, un hom-
bre consustanciado con el partido.
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