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Juan Carlos Bataller
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distinto. El veterano médico sufría de vértigo. Y eso hizo que sus viajes
tuvieran características muy especiales. Por ejemplo, no permitía en los
viajes que el coche fuera a más de 60 kilómetros por hora por lo que la
travesía a Jáchal podía demandar cuatro horas, que él matizaba to-
mando mate. Además, si circulaba en zona montañosa –un viaje a Ca-
lingasta quizás- se ubicaba en el asiento del lado del cerro pues no podía
mirar el precipicio.
Pero los mayores problemas surgían cuando por alguna gestión debía
viajar a Buenos Aires.
“Ruiz Aguilar nunca subió a un avión”,
recuer-
dan sus colaboradores. Viajaba en tren. Y esto obligó a que se preparara
un vagón especial para el trayecto hasta Mendoza desde donde conti-
nuaba el viaje en primera clase.
Los viajes en tren obligaron a preparar en la Estación del San Martín
una Sala VIP, igual que la que existe en los aeropuertos. Los trenes ar-
gentinos nunca se distinguieron por la puntualidad. Y esto ocasionó no
pocos problemas a Ruiz Aguilar. Una vez, la máquina sufrió un desper-
fecto a la altura de Córdoba y la demora le causó no pocos inconvenien-
tes pues llegó cinco horas tarde a una audiencia con el presidente
Alfonsín.
El hombre más cercano a Ruiz Aguilar durante su gestión fue su asesor
Reynaldo Botella. Todo lo que pasaba por la gobernación –recuerdan-
era de conocimiento de Botella.
Con sus ministros y secretarios, Ruiz Aguilar tenía un trato muy espe-
cial y afectuoso:
“mirá, Maratita, te va a ir a ver tal persona, atendémelo
bien por favor”,
era el tono paternal que utilizaba.
El personal de la Casa de Gobierno lo recuerda como un hombre afec-
tuoso, muy cálido, que a pesar de su parsimonia se daba tiempo para
todo, que tuvo un buen equipo de colaboradores a los que les permitió
tener protagonismo político y estaba bien informado de lo que ocurría
a su alrededor.
A la esposa del gobernador se la recuerda como una mujer muy correcta
que sólo tuvo participación en algún acto cuando el protocolo lo exigía.
A esta altura el lector se preguntará: pero hablemos del Ruiz Aguilar
gobernador.¿Cómo lo recordará la historia?
Es lo que hemos venido escribiendo. Un hombre tranquilo, bueno, leal
a su partido y a su líder, que le tocó en suerte completar el mandato
ante la renuncia de Leopoldo Bravo.
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