la_cena_de_los_jueves2 - page 143

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JONES
—¿Quienes gritaban?
Clavel:
todos.
José María Peña Zapata:
Yo sentí que algu-
nos gritaban “viva la revolución”.
Sancassani:
Yo estaba inconciente, al extre-
mo que recien advertí lo que ocurría cuando
llegamos a mi casa. Allí me dijeron que habí-
an muerto el gobernador Amable Jones y a
otra persona.
—Y qué hizo usted, Sancassani, cuando
supo que el gobernador estaba muerto?
Sancassani:
Yo les reproché, manifestándoles
que habían hecho mal porque esa no era la
misión. Y les ordené a Urcullu, Tobares y
Miranda que fuera a dar cuenta de lo ocurrido
al jefe del movimiento, el ingeniero Porto.
José María Peña Zapata:
En lo de
Sancassani supimos que en la ciudad estaban
las fuerzas de línea por lo que preferimos
disolvernos.
—¿Dónde fueron?
José María Peña Zapata:
Con mi hermano
Ricardo nos fuimos al Ciénago, donde perma-
necimos cuatro días , hasta que nos presenta-
mos espontáneamente a la policía.
Ricardo Peña Zapata:
Fue a los siete días.
Tobares:
Con Joanasi y Carrizo nos fuimos a
una viña, donde permanecimos hasta la
noche. Recién el martes me enteré por los
diarios que la revolución había fracasado
Joanasi:
Yo al día siguiente me vine para la
ciudad para explicar a Porto porqué no había-
mos podido cumplir con la misión tal cuál
nos fue encomendada. Pero no pude hablar
con el ingeniero ya que lo habían detenido y
estaba preso. La revolución había fracasado.
Estuve una semana en mi casa y después me
presenté espontáneamente a la policía.
Clavel:
Yo llegué a la ciudad ese mismo
domingo por la noche. Allí me enteré que
junto con el gobernador había muerto el ciu-
dadano Juan Meglioli. Estuve varios dias
escondido en mi casa y en otros puntos, hasta
que dieciseis días más tarde fui detenido.
Urcullu:
Yo me fui a mi casa. Allí estaba
cuando como a las cuatro de la tarde llegaron
dos automóviles en los que venía el jefe revo-
lucionario, el ingeniero Porto, Camilo Yañez,
Carlos Bosio, Santiago Stokle, Fidel
Schiavone, Miguel Montealegre, Umberto
Arancibia y no recuerdo quienes otros. Yo les
dije lo que había ocurrido, contándome luego
Porto que ellos habían sostenido un tiroteo
con la policía de Villa Krause y que habían
tomado la seccional primera, en la ciudad.
“En este momento —me dijo Porto— deben
estar tomando la Central de Policía”.
—Cuando usted contó que habían matado
a Jones... ¿qué dijo Porto?
Urcullu:
Porto me dijo que al frente de la
revolución había quedado el mayor Domingo
Pineda. Yo subí a uno de los autos y me
vine para la ciudad con ellos. Me trajeron a
la casa del doctor Cantoni, en la calle 9 de
Julio, donde había como cien personas arma-
das.
—¿Como los recibieron?
Urcullu:
Allí nos informaron que no se
había tomado la Central de Policía porque
ésta estaba controlada por las fuerzas de
línea (el Ejército) y el mayor Pineda les
aconsejó que contra las fuerzas de línea no
convenía hacer fuego.
—¿Cuándo fue usted detenido?
Urcullu:
Cinco dias después me presenté
ante las autoridades.
—Y usted Joanasi?
Joanasi:
Yo estuve una semana escondido en
mi casa y luego me presenté a las autorida-
des.
—¿Usted logró huir, ¿no es así
Sancassani?
Sancasani:
Estuve escondido durante más de
un año, hasta que en febrero de 1923 me pre-
senté detenido espontáneamente porque ya
habían jueces constitucionales.
“Terminado el tiroteo
nos acercamos al auto,
donde habían dos o tres
caidos. A uno de los
muchachos lo escuché decir:
Este es Jones. Lo matamos”.
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