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El crímen político
Ninguna explicación tolerable siquiera
podrán dar los autores del atentado.
Cualesquiera que fuesen los motivos que
exaltasen sus ánimos, otros eran los caminos
a seguir. Nadie, en los tiempos que hemos
alcanzado, disculpa procedimientos de
semejante violencia que, por otra parte, a
nada positivo conducen, como lo han proba-
do ulterioridades de crímenes de esta índole.
Los pueblos modernos, sobre todos los regi-
dos por la democracia, tienen en sus institu-
ciones el remedio a todos los excesos y a
todas las arbietrariedades.
La gente honrada no entra a discutir después
de un atentado de esta naturaleza los móviles
que hayan impulsado a sus autores: los
condena lisa y llanamente y los execra. Para
el crímen no hay disculpas ni es dado
sacrificar la vida de un hombre a mansalva
y sangre fría para satisfacer sentimientos
que la pasión política exalta
Diario español
Buenos Aires
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JONES
SAN JUAN (De nuestro enviado especial)
D
esde que llegué a ésta deseaba visi-
tar los establecimientos carcelarios
de esta ciudad. Eran tan graves los
rumores y decires sobre el trato que se daba
a los recluídos por los sucesos políticos, que
estimé indispensable observar personalmente
todo lo que me fuera posible, sin perjuicio de
considerar también la información oficial al
respecto, como ya lo hice en días anteriores.
Se recordará que el doctor Colombo, de
quien solicité autorización por intermedio del
jefe de Policía, estimó oportuno no conce-
dérmela.
Hoy ha desaparecido por completo el interés
que tenía en visitar esa repartición en vista
de haber sido pasados los principales presos
a la cárcel y libertados algunos otros, razón
por la cual dirigí mis empeños en el sentido
de conocer la situación de los que están en la
cárcel pública y en el Buen Pastor.
No tuve inconveniente alguno en la obten-
ción del permiso por parte del ministro de
Gobierno, Zavalla y me correspondió hacer
la visita a esos establecimientos en compañía
1921
DICIEMBRE
Jueves
1
del subsecretario de la misma cartera, señor
Carlos Lucero y de varios periodistas locales
y metropolitanos.
La cárcel de San Juan, situada a poca distan-
cia del centro de la ciudad, es un edificio
pobre, viejo y destartalado y de paredes vaci-
lantes y techos ruinosos, donde hay pisos de
tierra y desparejos, si bien en algún tiempo tal
vez estuviesen cubiertos de ladrillos, como
algunos vestigios lo atestiguan.
Las puertas y ventanas obedecen más a la
habilidad de los carceleros que las custodian
que a sus propios cerrojos y, en fin, el conjun-
to miserable y tétrico de estas prisiones habla
más de tortura que de seguridad.
F
uimos recibidos en la cárcel por su
director, señor Rubén Silva, quien nos
acompañó durante todo el recorrido
conjuntamente con otros altos empleados del
establecimiento y de la policía.
Apenas habíamos dados unos pasos apareció
en el ángulo de una oscura galería un pequeño
despacho improvisado, en el que un empleado
de investigaciones tomaba las impresiones
digitales al señor Noé Videla, director del
bisemanario “La Verdad”, clausurado por
orden del gobierno en vísperas del asesinato y
en oportunidad de hacer aquella publicación
titulada
“Liquidación”,
de la que informé
hace unos días.
UNA VISITA A LA CARCEL
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