la_cena_de_los_jueves2 - page 46

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El grupo que presidía
Ventura Lloveras quería
defender el gobierno
radical y decidió sacar
un periódico.
g
g
graban Eloy Pinazzo, Alberto Pereyra, José
Crispino, M. Rodriguez Prado, Elbio López,
Wilson Arago y Aparicio Saravia. Llegaron
varias semanas antes del hecho y transmitie-
ron sus experiencias.
L
as armas habían llegado desde
Buenos Aires y Chile. Contaban con
180 fusiles Winchester o Mauser y
30 mil tiros, traidos en paquetes dentro de los
camarotes del tren por la esposa de don
Nilamón Balaguer. Los rifles se fueron bajan-
do en estaciones intermedias para luego lle-
varlos a la ciudad en carros cubiertos con ver-
dura. Desde ahí se repartían a los revoluciona-
rios por los medios más inverosímiles, como
un ramo de flores.
Se habían preparado también rudimentarias
bombas en frascos de 200 mm. A los que se
les colocaba un poco de nitroglicerina unida a
un fulminante y una mecha. Luego se rellena-
ba el frasco con parafina para impedir la
entrada de aire y se recubría con algodón y
tela para que no se rompiera al lanzarlo. Se
encendía la mecha y se tiraba el frasco que,
por no tener proyectiles, más que un efecto
letal causaba ruido, incendios y tenían algún
poder destructivo.
L
os revolucionarios se organizaron en
cantones cuya acción respondía a un
plan estratégico.
La Junta Revolucionaria, integrada por
Sarmiento, Augusto Echegaray, Guillermo
Yanzi Oro, Eleodoro Sanchez, Juan R.
Cambas, Saturnino de Oro, Ventura Lloveras,
Remigio Ferrer Oro, Victorino Ortega,
Nilamón Balaguer, Estanislao Albarracín y
Carlos Conforti dispuso que el movimiento se
produciría en la noche del 6 al 7 de febrero.
Se formaron los cantones:
A las 12 en punto el coronel Sarmiento
mandó a Benjamín Segundo de la Vega a
recorrer los cantones, a los que debía pasar el
santo y seña
—la palabra “libertad”—
quien regresó una hora mas tarde.
—Permiso coronel. Aun falta que llegue
gente a los cantones pues la policía está
haciendo un severo control.
—¿Cuál es la situación?
—El cantón de Agenor Benitez no se ha reu-
nido por el arresto de su jefe y tampoco se ha
podido organizar el de Francisco E. Aguilar
por detenciones que ha hecho la policía.
—¿Qué pasó?
—Los descubrieron repartiendo los distinti-
vos.
Los distintivos eran boinas vascas de color
rojo. Entre los detenidos del día anterior
figuraba también el médico Ventura
Lloveras,.
—¿Qué ocurre con el cantón de Balaguer?
—No pudimos comunicarle el santo
y seña porque la casa está rodeada
de agentes de policía.
—¿Algo más?
—Sí señor, parece que se viene una tormenta
bárbara...
A las 3 de la mañana debía estallar la revolu-
ción.
A esa hora en punto el comandante Cambas y
Alberto Cuello, que contaban con 30 hombres
–quince cada uno— comenzó a marchar por
la avenida 9 de julio y dobló hacia el norte
por General Acha.
Al llegar a la calle Córdoba divisaron a un
policía.
—¡Alto. Quién vive! –,
se escuchó en la
noche.
La respuesta fue una cerrada descarga que se
sintió en toda la ciudad. Hicieron prisionero
al policía al que le quitaron el Remington y
cien tiros.
Nilamón Balaguer había llegado a las 12 de
la noche con dos hombres y sus cinco hijos.
Esperaban contar con cien efectivos y solo
estaban amigos de otros cantones. Poco antes
de las 3 fue descubierto el cantón y debieron
huir por los fondos a la cochería de Luis
Arévalo. Allí escucharon las descargas de
fusilería y comenzaron a marchar hacia la
cárcel.
Llovía a cántaros y las ropas empapadas difi-
cultaban los movimientos. Pero experimenta-
ron una sensación de alivio al encontrar en el
camino la caballada del escuadrón de seguri-
dad de la policía sin jinetes y huyendo.
Los integrantes del grupo se abrieron en aba-
nico para reencontrarse en el atrio de la
Merced y dirigirse hacia la calle para tomar la
Pasa a pág. siguiente.
Esta foto fue tomada en 1907 cuando la revolución del Partido Popular contra el gobierno de Manuel Godoy.
Años después la mayor parte de quienes participaron en ese alzamiento —Ventura Lloveras, Remigio Ferrer Oro,
Balaguer, Albarracín— se incorporaron al radicalismo y eran apodados los “Orejudos
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