la_cena_de_los_jueves2 - page 58

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“El latifundio engendró
males sociales incalculables”
JONES
contra el doctor José Flores
Perramón, para ser castigado por
los delitos de usurpación de autori-
dad y desacato, este nuevo acto
suyo debe ser considerado como
circunstancia agravante de aquel y
ser agregados todos estos antece-
dentes al proceso ya mandado
incoar.
Que hallándose en receso ambas
cámaras legislativas hasta el 29 de
enero de 1.921, no hay convenien-
cia en que la casa en que deben
funcionar permanezca abierta a dis-
posición de cualquiera que quiera
servirse de ella para cometer actos
sediciosos, habiendo por el contra-
rio, manifiesta conveniencia de su
clausura y custodia por los emplea-
dos de la administración.
Por tanto
El gobernador en acuerdo general
de ministros, decreta:
Artículo 1º)
Procédase por la
Jefatura de Policía, a clausurar el
recinto legislativo, desalojando a
los que se encuentran en él.
Artículo 2º)
Agréguese estos antece-
dentes al proceso mandado incoar al
doctor José Flores Perramón.
Artículo 3º)
Comuníquese esta
resolución a los presidentes del
honorable Senado y honorable
Cámara de Diputados y a la exce-
lentísima Corte de Justicia, a sus
efectos.
L
legaba la navidad en San
Juan, con la legislatura clau-
surada, el Poder Judicial en
medio de una gravísima crisis
y una
espiral de violencia que iba ganan-
do todos los espíritus.
A
quiles Damianovich se había
transformado en un hombre de
peso por su influencia sobre
Jones.
Pero ¿qué pensaba sobre San Juan este abo-
gado llegado de la Capital que daba anda-
miaje jurídico a las decisiones?
Estas eran algunas de sus ideas.
—¿Qué está ocurriendo en San Juan?
—Ocurre que en San Juan no hubo nunca
administraciones progresistas. Porque no
hay progreso fidedigno que no se asiente
sobre la legalidad, sobre la eliminación de
los prejuicios de clases. ¿Qué factores han
engendrado este estado de ensoberbeci-
miento de sus clases economicas y sociales
todopoderosas hasta hoy y usufructuadoras
irreemplazables, según ellas, en el manejo
de los intreses generales, dispensadoras, de
cuando en cuando, de una atención de
carácter caritativo a las “minucias” de la
colectividad? ¿Como es que ha podido tan
arrogante y engañoso autoconcepto apode-
rarse por sugestión de las clases populares,
al extremo de englobar entre sus devotos a
grandes y chicos, a poderosos y jornaleros,
a gente del campo y la ciudad?
—¿Cuál es su explicación?
—El latifundio engendró en San Juan males
sociales incalculables porque a su amparo
pudo ejercer un señorío original de corte
medioeval, de raigambre feudal y de riguro-
sa tiranía pública que les permitió disemi-
nar raigambres hábiles de insuperado y
astuto predominio.
—¿Por ejemplo?
—Es fácil advertir que en lo social echó las
bases del familiarato más cerrado y de
conceptos de más boatos que se conozca en
América. Y en lo intelectual ha llegado a
presentar núcleos que a favor de una privi-
legiada predisposición económica han lle-
gado a suponer estupidamente que la cultu-
ra es un favor inaccesible para los que no
egresen de sus espléndidas feligresías fami-
liares.
—¿En qué otros campos se advierten
esos males?
—En lo económico, sus capitales inertes no
se han movilizado en busca de las agitacio-
nes saludables de la edad moderna que si
expone a quebrantos y azares al dinero,
contribuye con una función higiénica a
finalidades colectivas superiores.
—¿Y en lo político?
—En lo político entronizó una casta que ha
deshonrado a la democracia y ha sumido a
la provincia en un letargo embriagador que
la exhibe al país como un enfermo catalép-
tico que no sabe en sus delirios si reclama
lo que es suyo o sea su teórica soberanía o
la conservación de su fatídica servidumbre
que lo hace mirar a su iconoclasta salvador
como su enemigo. Todo esto está combina-
do y magnificado en forma decorativa por
la poesía de la montaña nativa.
—Bueno, es un orden al fin...
—¿Qué es el orden social para los sanjua-
ninos? ¡El orden? Para los comarcanos san-
juaninos estriba precisamente en no tocar la
situación en sus raices negativas. El
“orden” en el lenguaje simbólico pero alta-
mente expresivo de la zona quiere decir el
mantenimiento del estado de cosas, sin
remover las causas del mal.
–¿Y por qué es así?
—Hay una sociedad recelosa de todo lo
que viene de afuera. Hay una perspicacia
astuta y vigilante contra la fuerza nueva.
Hay una clase socialmente entronizada que
se “pasa la palabra” de alerta en apretadas
logias invisibles que se trasuntan en los
clubes mundanos pero cuya acción central
gira en torno del inviolado ámbito familiar
de la rancia parentela sabiamente esparcida.
—¿Y, según usted, cómo funciona ese
“sistema”?
—A la simple constatación de un timonel que
viene a ejecutar el mandato de un tiempo
nuevo, el medio, coaligado, no busca más que
la oportunidad para verificar el predecretado
conjuro. Por cada trecho recorrido por el
enviado de la reforma, el medio agrega
—favorecido en ese juego de dificultar tan
favorito y tan propicio para los que con dejar-
se quedar en su sitio ya están en una posición
fácil— las dificultades presentadas por los
mismos cooperadores del reformador.
—¿Cuál es la consecuencia?
—Cada decisión pura y legal del reforma-
dor encuentra obstáculos pues las trabas se
escalonan hábilmente hasta desorientar al
noble espítritu que, en su augusta ingenui-
dad no acierta a comprender la resistencia
hacia fines que no pueden ni sospecharse
de malos. Preparado el medio, se estudia si
la eliminación o el desplazamiento pueden
borrar los trazos inexorables de la evolu-
ción.
Fuente: Aquiles Damianovich
— El crimen y el poder — 1922.
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