la_cena_de_los_jueves2 - page 107

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JONES
A
hí estaban los tres.
¡Las paradojas que tiene la vida!
Justamente los tres fueron a Buenos
Aires un año y medio antes, convocados a
una reunión cumbre con el presidente de la
Nación para tratar de unir el radicalismo san-
juanino detrás de un candidato común.
Alberto Vita, Federico Cantoni y Ramón
Barrera,
hablaron con el presidente de la
Nación Hipólito Yrigoyen en aquella oportu-
nidad y éste les pidió que se reunieran con el
ministro del Interior, Ramón Gómez, para
acordar una fórmula que a todos conformara.
Poco después volvían al despacho presiden-
cial y se hacía el anuncio.
Nadie sabe cómo surgió el acuerdo porque
los protagonista evitaron referirse al tema,
aunque todos sospechaban que la fórmula fue
impuesta por Yrigoyen. Lo concreto es que
gracias a ese acuerdo, el radicalismo fue a los
comicios con la fórmula
Amable Jones -
Aquiles Castro
y logró su primer y único
triunfo electoral en la provincia, a pesar lle-
var como candidato a un sanjuanino presti-
gioso pero casi desconocido, tras treinta lar-
gos años de ausencia.
Para los tres, era un sobreentendido que el
mandatario llegaba como consecuencia de un
acuerdo entre sectores
y que todos compar-
tirían el gobierno.
Pero había una persona que no pensaba lo
mismo:
Amable Jones.
Y cuando esto quedó en claro, en el momento
de las designaciones,
ya nada fue igual.
Aunque tenían intereses comunes, eran muy
distintos.
Vita era un político
mucho más refinado.
Hábil negociador de trastienda, insuperable
en el arte de la supervivencia, se había mante-
nido durante gobiernos de distinto tipo en su
trinchera: la cámara de senadores.
El, con su raigambre fiorentina que admiraría
Maquiavelo, sabía hacer mover la Legislatura
como un bloque unido, con el que inexorable-
mente debían negociar los gobernantes.
Así es como se había transformado en una de
las figuras centrales de la política lugareña,
pese a su bajo perfil.
Su peso aumentó considerablemente con la
ley Sanez Peña. Ya la política no era una
cuestión de familias y sólo los más hábiles
podrían permanecer.
Vita venía del extinto Partido Popular. Había
sido constituyente -lo mismo que Ramón
Barrera- en 1912. El 13 de diciembre de 1915
entró por primera vez en el comité radical de
la calle Mendoza 841.
P
ero tenía tras sí una vasta experiencia.
Se había recibido en la Universidad
de Córdoba, donde su tesis sobre “el
delito natural” le permitió doctorarse en juris-
prudencia y ciencias sociales y adquirir fama
ya que fue una pieza que mereció el elogio
incluso de la prensa mediterránea.
Esto le posibilitó comenzar a actuar en el
estudio de Cornelio Moyano Garcitúa, quién
había sido interventor en la provincia en
1.907.
De vuelta ya en la provincia, donde llegó pre-
cedido de su fama profesional, Vita fue
ministro de la Corte en el gobierno de
Manuel Gregorio Quiroga y posteriormente,
ministro de Gobierno del coronel Carlos
Sarmiento.
Tras un nuevo paso por la Corte, Vita se
volcó a la actividad legislativa. Así, fue elec-
to senador en los períodos 1.909/11, 1915/17
y 1.918/23.
Vita era pues un político influyente y de alto
nivel intelectual.
Pero como hombre surgido del ámbito judi-
cial, tenía un interés:
influir en la composi-
ción de la Corte de Justicia.
Y esto era lo
que lo ligaba a Ramón Barrera pues el herma-
no de éste, Roberto Barrera, había sido presi-
dente de la Corte intervenida por Escobar, a
sugerencias de Jones.
De aquella época venía en encono con Jones.
Un enfrentamiento disimulado en las formas
pero que era profundo, visceral.
Vita era amigo y hombre de confianza del
Las diferencias entre
Vita, Barrera y Cantoni
Vita y Barrera podían
ser hábiles negociando o
complotando pero no estaba
en sus espíritus ser
protagonistas de un
proceso violento.
Ellos se consideraban
políticos, hombres de comités,
profesionales, hombres
de negocios.
Cantoni, en cambio jugaba
al poder, a todo o nada.
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